La factura que nadie quiere ver de la final de la Copa del Rey en Sevilla
La Junta de Andalucía pagará 11,5 millones de euros a la Real Federación Española de Fútbol para mantener la final de la Copa del Rey en La Cartuja hasta 2028. Es el segundo contrato que las dos instituciones firman para ese fin y cuadruplica el anterior. Las aficiones del Atlético y la Real Sociedad dejaron este domingo la Alameda de Hércules, Triana y el entorno de la Giralda cubiertos de basura, vidrios y orines.

La final de la Copa del Rey 2026 que ganó la Real Sociedad al Atlético de Madrid en la tanda de penaltis no fue solo un acontecimiento deportivo. Fue la primera de las tres finales que Sevilla tiene firmadas hasta 2028 en virtud del segundo contrato que Junta de Andalucía y Real Federación Española de Fútbol suscriben para mantener La Cartuja como sede del torneo. El acuerdo inicial, firmado en 2019 con Luis Rubiales al frente de la RFEF, llevó a Sevilla seis finales consecutivas entre 2020 y 2025 por un canon de 1,2 millones de euros por edición. El segundo, cerrado en noviembre de 2025 con Rafael Louzán ya como presidente federativo, eleva sustancialmente esa cifra.
Los términos son públicos: 3 millones de euros por la final de este 2026, 4 millones por la de 2027 y 4,5 millones por la de 2028. Once millones y medio en total para las arcas federativas, que pasan de ingresar 700.000 euros anuales por la sede de la final en el marco del anterior modelo a cuadruplicar esa cifra a partir de este año. El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, anunció en Sevilla la designación de La Cartuja como sede acompañado del presidente andaluz, Juanma Moreno, y del alcalde de la ciudad, José Luis Sanz.
Quién paga el canon y quién paga la fiesta
El reparto de la factura merece ser detallado, porque la conversación pública suele confundirlo. El canon a la RFEF lo abona la Junta de Andalucía en calidad de titular del estadio. El gobierno autonómico justifica ese desembolso con el impacto económico que, según sus propias estimaciones, deja cada final en la ciudad: 60 millones de euros en 2025, con el Clásico entre Real Madrid y Barcelona, y en torno a 50 millones en 2024, con el Athletic Club y el Mallorca como finalistas. En el período 2020-2023, la Junta cifró el retorno acumulado en 165 millones de euros.
El dispositivo que permite la celebración, sin embargo, lo sufraga en su mayor parte el Ayuntamiento de Sevilla y el conjunto de administraciones españolas. Lipasam desplegó para la cita del sábado 320 trabajadores y 103 vehículos distribuidos en turnos de mañana, tarde y noche desde el viernes hasta el domingo. La empresa municipal contrató además a 172 personas de refuerzo. El operativo de seguridad sumó 1.600 agentes de la Policía Nacional, 680 de la Guardia Civil y 230 de la Policía Local, lo que eleva a más de 2.500 los efectivos de los cuerpos de seguridad movilizados para el fin de semana. Tussam amplió el horario de las líneas C1, C2 y 2, que dan servicio al Estadio de La Cartuja. A ese despliegue se añadió una red de aseos públicos repartidos por diez puntos del centro histórico y los refuerzos sanitarios propios de un evento con decenas de miles de aficionados desplazados por cada club.
La comparación con ediciones anteriores revela la escalada del gasto municipal. En 2022, con la final entre Betis y Valencia, Lipasam movilizó 213 trabajadores y 64 vehículos. Cuatro años después, el dispositivo ha crecido un 50% en efectivos humanos y un 60% en vehículos. El retorno económico que la Junta ingresa y que justifica el canon no llega a la caja que paga estos servicios.
Una afición incívica, como todas las demás
El domingo por la mañana, la Alameda de Hércules amaneció cubierta de vidrios rotos, latas, restos de botellón y orines. Había servido durante la previa como zona rojiblanca, punto de concentración de la afición del Atlético de Madrid siguiendo una tradición ya consolidada en las finales que acoge La Cartuja. En Triana se repitió la estampa en el entorno de Altozano y la calle San Jacinto, convertidos durante el sábado en la base logística y festiva de los seguidores blanquiazules de la Real Sociedad. La fan zone oficial de la Real, situada cerca del estadio, no concentró a la totalidad de la afición desplazada: miles de seguidores del club guipuzcoano optaron por el entorno del puente de Triana como punto de reunión.
El rastro no se quedó en los barrios residenciales. El entorno monumental de la Catedral y la Giralda, corazón turístico de la ciudad y postal que millones de visitantes asocian a Sevilla, amaneció también con acumulaciones de basura y restos de botellón a pocos metros del templo. Las calles del Casco Antiguo por las que transitaron miles de aficionados durante la previa mostraron el domingo una estampa difícilmente compatible con la imagen de ciudad patrimonio de la humanidad que el Ayuntamiento promociona.
Lipasam no puede actuar en el grueso de las zonas de concentración mientras esas zonas están llenas. La limpieza mecánica con miles de personas apiñadas es operativamente imposible y potencialmente peligrosa. Los operarios de la empresa pública intervienen cuando la aglomeración se despeja, y lo hicieron el sábado a medida que las aficiones se desplazaban hacia La Cartuja. El método es el correcto. El problema no está en la respuesta municipal sino en lo que esa respuesta tiene que limpiar.
Las aficiones del Atlético y de la Real Sociedad se comportaron como lo han hecho las aficiones del Real Madrid, del Barça, del Athletic, del Mallorca, del Valencia o del Osasuna en ediciones anteriores. No es un problema de clubes concretos. Es el patrón que se repite cada abril en Sevilla. Miles de personas procedentes de fuera convierten la ciudad en el escenario de una fiesta de dos días que incluye consumir alcohol en la calle, amontonar vasos y botellas en el suelo y usar los rincones del Casco Antiguo y Triana como urinario. La ciudad lo absorbe. La factura de limpiar lo que dejan la paga el vecino de Sevilla.
Incidentes de seguridad: cargas en Triana y ultras interceptados
La jornada dejó también incidentes policiales que matizan el relato de "armonía y buen rollo" que las instituciones suelen proyectar tras estos eventos. A mediodía del sábado, agentes de la Policía Nacional cargaron en el puente de Triana contra un grupo de aficionados de la Real Sociedad que lanzaban objetos y encendían bengalas. La intervención de las unidades antidisturbios se saldó sin heridos graves pero con imágenes de tensión en plena previa del partido, con algunos agentes cayendo al suelo y aficionados corriendo por la calzada.
El trabajo preventivo había comenzado días antes. En la autovía A-4, a la altura de La Carlota, la Policía Nacional interceptó una operación contra grupos ultras a los que decomisó palos y material que, según el subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano Rodero, podría haber convertido la jornada en una "batalla campal". La noche del viernes, en torno a la plaza de San Antonio, agentes interceptaron a un centenar de ultras de la Real Sociedad que se dirigían a la Alameda de Hércules a encontrarse con ultras del Atlético de Madrid para una pelea concertada. A 60 aficionados ultras del club guipuzcoano se les intervinieron además gorras de protección reforzada, una novedad en la indumentaria ultra. Fuentes policiales detectaron también la presencia de ultras del Sevilla y del Betis actuando como "guías locales" para los grupos radicales foráneos. El balance del dispositivo de seguridad se cerró con 91 ultras identificados entre las dos aficiones.
La advertencia previa de los vecinos de la Alameda
Dos días antes del partido, la Asociación en Defensa de la Alameda de Hércules había trasladado al Ayuntamiento un comunicado en el que sus vecinos se declaraban "hartos de las finales" y exigían medidas preventivas. El texto pedía que las aficiones se concentraran en fan zones "alejadas de los barrios residenciales" y denunciaba el "incumplimiento de la normativa sobre consumo de alcohol en la vía pública, con botellones masivos en la Alameda, exceso de aforo y veladores ilegales". La asociación reclamó además protección prioritaria para las columnas del paseo, trasladadas al lugar en 1574 y declaradas Bien de Interés Cultural. "Nuestros asociados dicen basta y exigen medidas preventivas inmediatas", zanjaba el comunicado vecinal.
La advertencia llegó antes del partido. Las imágenes del domingo confirman que las fan zones oficiales no contuvieron la concentración. Miles de aficionados se dispersaron por los barrios residenciales del centro y por Triana tal y como los vecinos habían advertido que ocurriría.
Vecinos, patrimonio y turistas: la otra cara del impacto
El coste del fin de semana no se limita a los residuos acumulados en Alameda, Altozano, San Jacinto, Mateos Gago o las inmediaciones de la Catedral. Miles de vecinos de los barrios del centro y de Triana perdieron la tranquilidad durante más de 24 horas de ruido continuo, botellones bajo sus ventanas y altercados intermitentes en las calles en las que viven. Sevilla en abril está además en uno de sus picos turísticos del año, con visitantes llegados para la primavera, la Semana Santa tardía o la inminente Feria de Abril. Muchos de ellos se encontraron con una ciudad cuyo centro histórico y el barrio de Triana funcionaban como zona de expansión masiva para dos aficiones foráneas. La postal que esos visitantes se llevan a casa, con basura a los pies de la Giralda incluida, forma parte también de la factura.
Rechazo vecinal y petición de cambio de sede
La reacción ciudadana llegó este mismo domingo. La asociación Sevilla Se Muere pidió formalmente al Ayuntamiento y al alcalde que la ciudad no acoja nuevas ediciones de la final. El colectivo denunció "deficiencias en la limpieza urbana, problemas de inseguridad, actos de vandalismo, dificultades en la movilidad y una alteración significativa del descanso de los vecinos". Señaló también fallos en "la delimitación de zonas y la segregación de aficiones, especialmente en las fanzones y las calles del Casco Histórico y Triana".
La asociación acuñó un término para describir lo ocurrido. Habla de "eventización" de la ciudad, entendida como una sucesión continuada de acontecimientos masivos que alteran la vida cotidiana, generan gasto público en limpieza, recogida de residuos, policía local y reparaciones, y cuyo retorno económico no beneficia de manera general a la población. El colectivo cuestionó directamente la posición del alcalde por "fomentar este tipo de eventos" y la calificó de "irresponsabilidad institucional".
La Cartuja, enclave estable del fútbol federativo
El acuerdo por la final de Copa es uno de los dos contratos vivos entre la RFEF y la Junta de Andalucía. El otro, firmado en febrero de 2021 bajo la presidencia de Luis Rubiales, comprometió al gobierno autonómico a acoger 24 partidos de las selecciones españolas absoluta masculina, absoluta femenina y sub-21 a lo largo de cuatro temporadas, preferentemente en La Cartuja. Ambos convenios son independientes: cubren objetos distintos, se firmaron en momentos distintos y no están legalmente vinculados entre sí. Lo que sí comparten es el modelo: Andalucía paga a la RFEF para que sus grandes citas deportivas tengan sede estable en Sevilla. La ciudad, a cambio, asume los costes operativos de cada evento y convive con sus externalidades.
Tres finales por delante
Sevilla tiene por delante las finales de 2027 y 2028 en virtud del contrato firmado. La Junta abonará 8,5 millones de euros más a la RFEF en esas dos ediciones. El Ayuntamiento, entretanto, volverá a desplegar cada año en torno a 300 operarios de limpieza y refuerzos en Tussam, Emasesa y los servicios sanitarios, mientras las administraciones estatales aportarán más de 2.500 agentes de los cuerpos de seguridad. Los vecinos de la Alameda y de Triana volverán a encontrar la mañana siguiente cubierta de vidrios. Y el canon federativo seguirá creciendo mientras el debate sobre las consecuencias de la eventización queda, un año más, postergado hasta la próxima final.
El Ayuntamiento no ha hecho público el coste exacto del dispositivo municipal ni el balance de incidencias del operativo policial. Lipasam tampoco ha detallado los kilos de residuos recogidos. Son datos que, a diferencia del canon a la RFEF, no figuran en ninguna nota oficial.

