Investigador de la US: 'Los grandes incendios seguirán en nuestro paisaje mediterráneo'

SEVILLA | Redacción LVS
Investigador de la US: 'Los grandes incendios seguirán en nuestro paisaje mediterráneo'

Los grandes incendios forestales no van a desaparecer del paisaje mediterráneo y la sociedad debe prepararse para convivir con ellos. Esa es la tesis central de Antonio Jordán, investigador del Departamento de Mineralogía, Cristalografía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla, que lleva más de 20 años estudiando estos fenómenos y ha sido incluido en ediciones recientes de la lista de investigadores altamente citados (Highly Cited Researchers), un reconocimiento que lo sitúa como referente mundial en la materia.

Jordán lanza su análisis a raíz del incendio de Ávila, que ha calcinado más de 50.000 hectáreas y se ha convertido en el mayor fuego registrado en España. El investigador sevillano defiende que afrontar esta realidad exige una transformación profunda: gestión continua del territorio, revitalización del medio rural y corresponsabilidad de toda la ciudadanía frente al avance del cambio climático. En su opinión, "es fundamental que aprendamos a convivir con el fuego".

El origen del problema, explica Jordán, no reside únicamente en quién provoca la chispa, sino en un paisaje abandonado donde se ha acumulado una cantidad enorme de combustible vegetal, una situación que el cambio climático agrava de forma directa. La respuesta, sostiene, pasa por una gestión forestal permanente, la recuperación del mosaico agroforestal -esa alternancia de cultivos, pastos y bosque que existía décadas atrás- y la protección específica de las zonas donde las viviendas y el monte entran en contacto.

El riesgo creciente en la interfaz urbano-forestal

La expansión de urbanizaciones, viviendas aisladas e infraestructuras hacia zonas forestales ha multiplicado el riesgo en lo que se conoce como interfaz urbano-forestal. En estos entornos, los equipos de extinción se ven obligados a priorizar la protección de personas y viviendas por encima de la defensa del monte, lo que limita su capacidad de combatir el avance de las llamas.

Jordán advierte de que el fuego ni siquiera necesita alcanzar directamente una edificación para causar daños: las pavesas transportadas por el viento pueden recorrer cientos de metros y generar nuevos focos en jardines, cubiertas o elementos exteriores antes de que llegue el frente de llamas. Por ello, insiste en la importancia de la autoprotección: mantener una franja despejada alrededor de las viviendas, evitar la acumulación de materiales combustibles junto a las fachadas, emplear materiales resistentes al fuego y disponer de planes de evacuación familiares.

También reclama un papel activo de las administraciones públicas, que deben dotar a los territorios de infraestructuras adecuadas: pistas forestales, puntos de agua, cortafuegos estratégicos y sistemas de vigilancia capaces de detectar los incendios en sus fases iniciales.

La vuelta a las actividades rurales tradicionales

El investigador vincula la prevención con la recuperación de oficios que durante siglos mantuvieron el paisaje: agricultores, ganaderos, profesionales de la resina, del corcho, de la apicultura o de la recolección de productos forestales contribuían a reducir la biomasa y evitaban la acumulación de combustible vegetal. La desaparición progresiva de esas actividades ha dejado amplias superficies forestales sin apenas gestión.

Jordán destaca especialmente el valor de la ganadería extensiva como herramienta de prevención: un rebaño de cabras puede consumir cada día cientos de kilos de vegetación inflamable, al tiempo que produce alimentos, mantiene la biodiversidad y ayuda a conservar el paisaje. Del mismo modo, impulsar aprovechamientos como el corcho, la resina, la miel, las setas, los piñones o las plantas aromáticas aporta valor económico al monte y favorece su conservación.

Una cultura del fuego basada en el conocimiento

Los ecosistemas mediterráneos han convivido con el fuego durante miles de años y numerosas especies vegetales han desarrollado mecanismos para adaptarse a él. Sin embargo, los grandes incendios actuales -favorecidos por el cambio climático y la enorme acumulación de combustible- pueden provocar daños ecológicos y sociales de una magnitud muy diferente.

Jordán propone recuperar una cultura del fuego basada en el conocimiento y no en el miedo, que permita explicar el papel de las quemas prescritas y comprender la función ecológica que pueden desempeñar algunos incendios de baja intensidad. El objetivo, señala, es fomentar una ciudadanía informada, preparada y corresponsable.

Un pacto de estado para la nueva realidad

El investigador de la Universidad de Sevilla concluye que la respuesta a esta situación exige construir territorios más resilientes, capaces de convivir con el fuego, lo que conlleva una preparación responsable por parte de todos. En su opinión, un pacto de estado sería "básico" para hacer frente a la nueva realidad de los incendios, al margen de quien gobierne.