El mercado estadounidense se había convertido en una tierra de oportunidades para Andalucía. Desde la suspensión en 2021 de los aranceles punitivos impuestos por la anterior Administración Trump, las exportaciones andaluzas a Estados Unidos no han dejado de crecer hasta alcanzar cifras históricas. Sin embargo, la vuelta del magnate a la Casa Blanca en enero de 2025 ha reabierto viejas heridas y sembrado un clima de máxima expectación. El sector agroalimentario andaluz, que lideró la recuperación, se prepara ahora para un escenario impredecible, consciente de que las decisiones que se tomen en Washington en los próximos meses pueden impulsar o lastrar su principal mercado fuera de la Unión Europea.
Los datos de Extenda (Andalucía Exportación e Inversión Extranjera) reflejan la importancia de la paz comercial. En 2024, las ventas andaluzas a Estados Unidos superaron los 3.800 millones de euros, consolidando al país norteamericano como el primer mercado no comunitario para la región. Este hito fue posible gracias a la eliminación de las barreras que penalizaron gravemente al sector entre 2018 y 2021.
El aceite de oliva, por ejemplo, vio cómo sus exportaciones se desplomaban casi un 80% en valor durante el punto álgido del conflicto. Tras la suspensión, no solo se recuperó el terreno perdido, sino que en 2023 se alcanzó un récord de 540 millones de euros en ventas de este producto. La siguiente gráfica ilustra esta evolución:
Esta recuperación no solo benefició al aceite, sino también a otros productos como el vino, las conservas y los productos hortofrutícolas, que encontraron en el consumidor estadounidense un cliente de alto valor.
Si hay un producto que simboliza el daño de aquella guerra comercial es la aceituna de mesa sevillana. El arancel del 35% impuesto bajo acusaciones de dumping y subsidios ilegales supuso un golpe devastador para un sector que tenía en Estados Unidos su mercado más importante. La Asociación Española de Exportadores e Industriales de Aceituna de Mesa (ASEMESA) ha cuantificado en más de 200 millones de euros las pérdidas directas y la destrucción de miles de empleos en la provincia de Sevilla, principal productora.
Aunque los aranceles derivados del conflicto Airbus-Boeing fueron suspendidos, los que pesan sobre la aceituna negra siguen vigentes, pendientes de resolución en la Organización Mundial del Comercio (OMC). El secretario general de ASAJA-Sevilla, Eduardo Martín, ha expresado en varias ocasiones su preocupación, afirmando que "la situación de la aceituna negra es la prueba de que el proteccionismo puede enquistarse y causar un daño estructural". El sector teme que la nueva Administración no solo mantenga esta medida, sino que la utilice como modelo para futuras disputas.
El sentir general en el campo y la industria andaluza es de prudencia. Nadie quiere dar un paso en falso, pero la maquinaria diplomática y empresarial ya está en marcha. El consejero de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía, Ramón Fernández-Pacheco, ha instado al Gobierno de España a "defender con firmeza los intereses andaluces en Bruselas y Washington, anticipándose a cualquier movimiento proteccionista". En declaraciones a medios, ha recordado que "Andalucía es una potencia agroalimentaria mundial y no puede ser moneda de cambio en disputas geopolíticas ajenas a nuestro sector".
Desde las organizaciones agrarias, el mensaje es similar. El responsable de COAG en Andalucía ha señalado la necesidad de "diversificar mercados para reducir la dependencia de Estados Unidos", aunque reconoce que "es un cliente insustituible por su volumen y valor". La incertidumbre, añade, "perjudica la planificación de las campañas y las inversiones a largo plazo".
Aunque el foco mediático siempre estuvo en la agricultura, el origen de la disputa arancelaria fue el conflicto transatlántico entre los gigantes aeronáuticos Airbus y Boeing. El clúster aeronáutico andaluz, con un peso fundamental en las provincias de Sevilla y Cádiz, también sigue de cerca las nuevas políticas comerciales. Un resurgir de las tensiones en este ámbito podría tener consecuencias directas en la cadena de suministro y en el empleo de una industria considerada estratégica.
Otros sectores como el del vino, los quesos o incluso el mármol, que también se vieron afectados en menor medida, permanecen vigilantes. La estrategia de la anterior Administración Trump fue la de abrir múltiples frentes comerciales, y la posibilidad de que ese manual se reedite obliga a todo el tejido exportador andaluz a prepararse para un entorno comercial potencialmente más hostil y volátil.