Pelayo: Más allá del límite no es la serie que me podía esperar después de la irrupción de G.E.O. Más allá del límite. En la primera versión nos asomamos con vértigo al proceso de formación de uno de los mejores grupos policiales de operaciones especiales de élite del mundo, y en esta ocasión podíamos aventurar algo parecido en Colombia. Nada más lejos de la realidad.

Si alguien va buscando pruebas inhumanas para ver por dónde se puede romper un hombre psicológicamente, o tácticas de guerrilla urbana, asalto a aviones o abordajes a barcos en alta mar, pues se equivoca, al menos en lo que refiere a la preparación puesto que se filma una intervención real, a ese proceso que convertirá a un agente de Policía en un GEO.

Y es que el periplo sudamericano de nuestro GEO tiene mucho de realidad puesto que siempre o casi siempre está involucrado en situaciones reales, con droga de verdad, algún asalto de verdad y operaciones que son el pan de cada día en aquellas latitudes, en las que la vida de un hombre tiene un precio ridículo, al menos para los malos.

En la aventura colombiana de Pelayo, tres capítulos, hay mucho de introspección, de comunidad de operativos especiales, de solidaridad, de hermandad y de análisis de la realidad: un país que está abocado a fracasar porque no puede, o no sabe, darle una realidad distinta que salve a su población de caer en los tentáculos del narco.

Y esa es la principal conclusión que obtiene Pelayo de toda su aventura colombiana, que es muy difícil luchar contra la pobreza y que al final el narco consigue aprovecharse del hambre, y cuando no, pues tiene la fuerza de las armas para imponer su ley.

Pero para llegar a esa conclusión, igual no se tendría que haber ido a Colombia, le hubiera bastado con darse un par de vueltas por algunos barrios de Algeciras o la Costa de Huelva, lugares donde el narco se ha asentado utilizando una vieja y maligna receta: dar sustento a aquellos que no tiene esperanza y para quienes las Administraciones no existe. Al fin y a la postre, allí y aquí, la moraleja es la misma: la falta de un futuro digno siempre es una puerta abierta al diablo, al narco... a los malos.