El cálculo mezquino de la izquierda andaluza

SEVILLA | Sebastián Canelo

La resaca del 17-M ha dejado fotografías realmente curiosas y estampas propias de una realidad paralela a la que vivimos el resto de los mortales, sobre todo en las filas de la izquierda, cuyo mayor mérito ha consistido en quitar la mayoría absoluta al PP.

Los mayores disparates que se han podido escuchar en este lunes poselectoral han llegado desde el PSOE, que ve muy cerca la remontada. Incluso Iván Redondo, ese fenómeno que consiguió llevar a Sánchez a la Moncloa, nos ha dejado el aviso de que la remontada está cerca para las municipales y las generales. Una aseveración tremenda si se tiene en consideración que con el actual presidente el partido socialista no ha ganado una sola elección y lo único que han podido articular ha sido una fantasía de gobierno progresista en el que están metidos PNV y Junts. Tremendo.

Y ahí estaba el propio Redondo diciendo que ve la remontada cerca. No hay nada como aliñar el dato con una encuesta de Tezanos. Lo que no nos ha dicho en este lunes es qué puede ofrecer el PSOE a los que quieran unirse a un gobierno de progreso: ya se concedió la amnistía, los asesinos de ETA van abandonando las cárceles en una suerte de indultos encubiertos y parece que el único objetivo puede ser seguir troceando el país para mayor gloria de un Sánchez que ve en la España plurinacional su próxima meta.

Eso por una parte, pero volvamos al triunfo de algunos sectores de la izquierda, o todos ellos en su conjunto: quitarle la mayoría absoluta al PP. El objetivo parece loable, pero es del todo espurio e impropio de aquellos que pregonan a los cuatro vientos que quieren mejorar la vida de sus conciudadanos.

Todos, sin excepción, quieren ver cómo Vox le saca los higadillos a un Juanma Moreno que ya ha dicho que quiere gobernar en solitario y sin ataduras. La desfachatez de algunos próceres de la cosa de la progresía ha llegado a tal punto que retan a los populares a alejarse de los de Gavira con todas las consecuencias, incluso llegando a la repetición electoral. De locos.

Y ahí reside la mezquindad de todos los miembros de la izquierda sin excepción: esperan ver cómo Vox retuerce el brazo de los populares para sacar el rédito político de la conexión derecha y ultraderecha, como si no estuviese ya agotado el comodín ultra. Pero lo peor es que están dispuestos a ver cómo las políticas de Vox se llevan a la práctica y perjudican a aquellos que supuestamente dicen defender, con el único anhelo de situarse mejor en la próxima rampa electoral.

Se lo dijo José Ignacio García a Gavira en el último debate televisivo: "Es usted mala persona". ¿Pero acaso el "Gafas" no está en el mismo rasero moral que los de Vox? ¿No bastaría con que alguna de las fuerzas progresistas llegase a un acuerdo de investidura con el PP para evitar los líos de Vox?

La investidura saldrá adelante, de eso no cabe ninguna duda, pero los daños que pueden infligir los de Vox, o los beneficios, no serán exclusivos de los populares porque en este potaje tienen más que decir los progresistas que los ultras.

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