La Catedral de Sevilla restaurará sus órganos de coro en cinco años

El Cabildo ha firmado este viernes el contrato con dos talleres franceses especializados en instrumentos de los siglos XIX y XX para acometer una intervención integral que aspira a devolver a los instrumentos la identidad sonora que ideó el organero vasco Aquilino Amezua a finales del siglo XIX.

SEVILLA | Redacción LVS
La Catedral de Sevilla restaurará sus órganos de coro en cinco años

La Catedral de Sevilla afronta la mayor intervención en sus órganos de coro de las últimas décadas. El Cabildo catedralicio rubricó este viernes 8 de mayo el contrato que encarga la restauración integral de ambos instrumentos a las firmas SAS Michel Jurine, con sede en Rontalon, y Manufacture D'Orgues Muhleisen G. Walther et Associés, radicada en Eschau. Los trabajos se prolongarán durante los próximos cinco años y cuentan ya con la autorización de la Comisión Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía.

La actuación persigue recuperar materiales históricos y corregir deficiencias técnicas acumuladas durante décadas en un instrumento que el Cabildo considera un referente del patrimonio musical europeo. El plan contempla asimismo reintegrar piezas retiradas en reformas anteriores para devolver al órgano la concepción original que Amezua plasmó en su proyecto de 1899, inaugurado en 1903 con una innovadora conexión eléctrica que unificó los dos cuerpos.

La elección de los talleres franceses no fue casual. El Cabildo constituyó una comisión internacional de expertos que examinó propuestas procedentes de Francia, Alemania y Austria antes de decantarse por Jurine y Mühleisen, dos firmas especializadas en órganos del siglo XIX y XX.

Una comisión de expertos internacionales

El panel encargado de evaluar las candidaturas reunió a figuras destacadas de la organería europea. Entre sus miembros figuraron Thomas Ospital, organista de la Iglesia Saint-Eustache de París; Alvise Mason, primer organista de la Basílica de San Marco de Venecia; y Óscar Candendo Zabala, profesor de la Esmusc y estudioso de la obra de Amezua. Completaron la comisión organistas y técnicos vinculados a la propia Catedral de Sevilla.

Líneas maestras de la intervención

El proyecto seguirá un plan que prioriza la reintegración de elementos contemporáneos respetuosos con el material original conservado. Entre las grandes líneas de actuación destacan el reparto de los planos sonoros en las dos cajas del instrumento, la restauración minuciosa de la tubería antigua, la restitución del positivo expresivo y la creación tanto de un teclado de Solo como de un plano sonoro de resonancia. Los talleres emplearán además positivos de espalda móviles para aprovechar al máximo las cuatro fachadas.

Uno de los objetivos prioritarios pasa por repensar el sistema de alimentación de viento, restaurando los depósitos diseñados por Amezua y eliminando los problemas de suministro de aire que actualmente afectan al funcionamiento técnico del instrumento. Se reincorporarán también materiales originales de 1903 que se encuentran preservados.

La estética sonora resultante aspira a ser una síntesis de las tradiciones sinfónicas española y francesa, tomando como base el material de Amezua y su proyecto original de 1899.

Más de 500 años de tradición organística

La Catedral de Sevilla atesora una tradición organística que se remonta a más de 500 años. El primer instrumento documentado data de 1479, obra de fray Juan. En el lado del Evangelio se sucedieron los órganos de Francisco Ortiguez (1733) y Valentín Verdalonga (1831), mientras que en el lado de la Epístola sonaron los de maese Jors (1579) y Diego de Orío (1725). El templo albergó también el célebre órgano de Jordi Bosch (1779), que quedó destruido en 1888 por el derrumbe del pilar próximo.

Ya en el siglo XX, Aquilino Amezua acometió a principios de la centuria la unificación de ambos órganos mediante conexión eléctrica, dando forma al instrumento romántico que se inauguró en 1903. Desde entonces, las intervenciones más relevantes corrieron a cargo de Organería Española en 1973 y de Grenzing a partir de 1996, si bien el Cabildo consideró necesario ir más allá con una reforma en profundidad como la que ahora se pone en marcha.