Moreno sale ileso del último debate y se dirige a una cómoda victoria el domingo
El candidato popular salvó los muebles sin verse en demasiados aprietos ante un resto de rivales que entonó el todos contra uno y contra todos.

Juanma Moreno ha salido del último debate a cinco de esta campaña autonómica prácticamente indemne: se pudo zafar de muchas preguntas incómodas y encontró algunos aliados por el camino para desmontar a sus principales rivales, María Jesús Montero y Gavira. El popular se escapó de algún aprieto básicamente porque todos los contendientes entonaron el todos contra uno -él- y él contra todos, una guerra cruzada que dejó algún cadáver por el camino.
El debate giró en torno a la salud, auténtico talón de Aquiles del Gobierno de Juanma Moreno y de los anteriores. Lo recordó Maíllo: "Echamos a Susana Díaz por la sanidad y con usted haremos lo mismo". No será en este ciclo electoral, aunque al dirigente de extrema izquierda no le falta razón. En el mismo paralelo, pero en las antípodas, José Ignacio García hacía su carta de presentación aludiendo a que ellos eran la buena izquierda, un proyectil a la línea de flotación de Montero.
Capítulo aparte merece la frase de Montero, esa de que ella es una de las mujeres con más poder de España, y que nadie se lo agradeció. Feo detalle por parte de sus compañeros. La exvicepresidenta socialista no se puede sacudir el tufo que desprende su proximidad a Pedro Sánchez y la trayectoria de su Gobierno. Suficiente para que su discurso solo cale en aquellos que están afiliados al partido y son sanchistas, porque los susanistas se están frotando las manos con el descalabro del domingo, tal y como hicieron los que hoy ocupan las cuotas de poder al calor del líder, los mismos que se cuadraron cuando la de Triana mandaba.
Gavira, por su parte, atacó a diestro y siniestro, pero en el discurso de Vox suele haber más fuegos de artificio que chicha real, porque la mayoría de las mejoras prometidas son las que van a tener los ciudadanos de Extremadura y Aragón gracias a sus propuestas en sus respectivos gobiernos de coalición. Será la primera vez que los de extrema derecha asuman tareas de Gobierno y probablemente emprendan el mismo camino que antes tomaron Ciudadanos y Podemos: no hay nada como gobernar -y hacerlo regular- para acabar absorbido por la marca mayor.
Por supuesto, el eje de su intervención se centró en la inmigración y en las ayudas sociales que reciben en detrimento de los españoles, y por supuesto lo ejemplificó con lo que cuesta un menor no acompañado y una prestación por dependencia: 4.500 € contra 1.900 €. Una comparación y otras tantas que le valieron el calificativo de "mala persona" por parte de José Ignacio García, probablemente uno de sus mayores errores en este debate.
Maíllo nadó y guardó la ropa: atacó a Moreno por todos los flancos y se alineó con Montero en el capítulo de la financiación autonómica. Ni siquiera en ese punto García se puso de acuerdo con los otros dos de su bloque ideológico. Ahí tiro de autonomía y criticó a socialistas y populares por igual.
Mientras, Moreno podía llevar el debate al terreno que le convenía, al enfrentamiento directo con Montero como antesala de una confrontación con Pedro Sánchez. Empezaron con Adamuz, siguieron con los cribados y se enredaron en la financiación. El resto, contención y gestión de daños: cuando desde todos los pupitres se le pedía inversión pública para esto o aquello, él se sacaba de la manga los recortes de Montero y aquí paz y después gloria.