Las obras en San Isidoro del Campo (Santiponce) revelan un sistema hidráulico desconocido
Los trabajos de consolidación del pósito, la almazara y el almacén del monasterio, iniciados en febrero, han sacado a la luz pozos, arquetas, conducciones y grandes tinajas de aceite que permanecían ocultos bajo siglos de abandono. Es la primera actuación en los 7.000 metros cuadrados de espacios agropecuarios desde que la Junta de Andalucía asumió la gestión del conjunto en 1989.
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La rehabilitación del Monasterio de San Isidoro del Campo, en la localidad sevillana de Santiponce, ha deparado hallazgos que obligan a revisar lo que se conocía sobre la vida cotidiana de las comunidades religiosas que lo habitaron. Tras cuatro meses de ejecución, la empresa adjudicataria Campano ha documentado un sistema hidráulico hasta ahora desconocido -compuesto por pozos, arquetas, conducciones y sumideros- junto a grandes tinajas destinadas al depósito de aceite en la zona de la almazara. La intervención, dotada con 2.838.148 euros cofinanciados con Fondos FEDER y un plazo de doce meses, actúa sobre el pósito, la almazara y el almacén del cenobio, tres dependencias que suman unos 7.000 metros cuadrados y que nunca habían sido objeto de una actuación integral desde que el ejecutivo andaluz se hizo cargo del recinto en 1989.
La consejera de Cultura y Deporte en funciones, Patricia del Pozo, visitó hoy el enclave acompañada por la secretaria general de Patrimonio Histórico y Documental, Mar Sánchez Estrella, la delegada territorial de Cultura y Deporte, Carmen Ortiz, y el alcalde de Santiponce, Juan José Ortega. Del Pozo destacó que "la actuación está sacando a la luz nuevos y relevantes datos y vestigios tanto de su organización y etapas constructivas como de su sistema hidráulico, permitiendo avanzar de manera notable en el estudio y el conocimiento histórico, arquitectónico y etnológico de este valioso bien patrimonial".
La consejera subrayó además que esta obra "es la primera que se lleva a cabo en estos importantes espacios del monasterio que ocupan unos 7.000 metros cuadrados y que estaban destinados a las tareas agropecuarias desde que este conjunto monumental pasó a ser gestionado por la Junta de Andalucia en 1989". También señaló que "Con esta intervención queremos lograr la consolidación estructural del enclave, como paso previo imprescindible a su posterior puesta en valor y apertura a la visita pública".
Tinajas, pavimentos y una cronología inesperada
Además del entramado hidráulico localizado en el patio que une el molino con el depósito de granos, los técnicos de Campano han recuperado pavimentos de piedra y han documentado ánforas y sistemas de empalomado empleados históricamente para aligerar las bóvedas. Estos vestigios han permitido establecer una nueva cronología de construcción de los inmuebles agropecuarios: la almazara y el pósito fueron íntegramente levantados en el siglo XVIII, mientras que el almacén data de finales del siglo XIX o principios del XX, una datación que difiere de la que se manejaba hasta la fecha.
En paralelo, se han recuperado 25.000 tejas que serán reutilizadas en los nuevos techados. Las estructuras de madera de las cubiertas, sin embargo, presentan un deterioro tan avanzado que deberán ser sustituidas por otras de nueva factura.
Más de ocho millones en dos fases
La actuación que ahora avanza no es un esfuerzo aislado. La Consejería de Cultura invirtió más de un millón de euros entre 2021 y 2023 en la redacción de proyectos básicos de conservación y ejecución, la reparación del cercado oriental y el arreglo de las cubiertas de la iglesia. Con esa base técnica resuelta, se licitó la obra que ahora ejecuta Campano.
En una segunda fase, prevista para después de la conclusión de los trabajos actuales, la intervención se extenderá a las naves Sur y Este del Claustro de los Jerónimos y a su torre. El presupuesto acumulado entre ambos ciclos superará los ocho millones de euros, también cofinanciados con fondos Feder. Del Pozo indicó que la conservación de este Bien de Interés Cultural había sido considerada desde que asumió las competencias de Cultura y Patrimonio Histórico en 2019.
Siete siglos de historia bajo un mismo techo
El Monasterio de San Isidoro del Campo tiene su origen en un privilegio otorgado por Fernando IV de Castilla a don Alonso Pérez de Guzmán, Guzmán el Bueno, en 1289. El recinto, ejemplo del gótico-mudéjar andaluz, ha servido como panteón de personajes ilustres: el propio Guzmán el Bueno está sepultado en él, y Hernán Cortés halló aquí su sepultura en 1547 antes de que sus restos fuesen trasladados a México. El monasterio fue también foco del grupo de erasmistas perseguidos por el Santo Oficio, entre los que Casiodoro de Reina alumbró desde el exilio la primera traducción de la Biblia al castellano, conocida como la Biblia del Oso. En sus muros se conservan además esculturas de Martínez Montañés, autor de las tallas de Guzmán el Bueno y sus descendientes y del antiguo retablo de Santa Ana.
La trayectoria del cenobio tras la desamortización de 1835 fue especialmente convulsa: se destinó a usos fabriles y llegó a funcionar como cárcel de mujeres, sufrió daños durante la Revolución Gloriosa de 1868 y estuvo a punto de ser derruido en 1936. Entre 1956 y 1978 lo ocupó una pequeña comunidad jerónima que mantuvo un uso religioso residual. El inmueble fue declarado Monumento Artístico Nacional en 1872 y goza de la máxima protección patrimonial como Bien de Interés Cultural.
Propiedad privada y gestión pública
El monasterio es propiedad de la Fundación Casa Álvarez de Toledo y Mencos, que en 1990 suscribió un convenio de colaboración y cesión temporal de uso compartido con la Junta de Andalucía. Gracias a ese acuerdo, parte de las dependencias abrieron sus puertas al público en 2002, y en 2025 el conjunto acogió a más de 38.000 visitantes, una cifra que la administración autonómica confía en incrementar una vez completada la rehabilitación integral y habilitados los nuevos espacios para la visita.