Sevilla investiga 400 fragmentos de una barcaza andalusí del siglo XI hallada en Plaza Nueva

La Consejería de Cultura y Deporte impulsa un estudio con fotogrametría y modelaje en 3D sobre los restos de la única embarcación de este periodo conocida en la Península Ibérica, recuperados hace 45 años durante las obras del Metro.

SEVILLA | Redacción LVS
Sevilla investiga 400 fragmentos de una barcaza andalusí del siglo XI hallada en Plaza Nueva

Cuatrocientos piezas de madera y metal -cuadernas, remos, clavazones y otros elementos- extraídas del subsuelo de Plaza Nueva en junio de 1981 son objeto de un nuevo proyecto de investigación que aplica fotogrametría y modelaje tridimensional para reconstruir virtualmente la embarcación a la que pertenecieron. Los trabajos, que se desarrollan en el Centro Logístico de Patrimonio Cultural de Andalucía (CLPC) en La Rinconada, corren a cargo de los investigadores Marta del Mastro Ochoa, Carlos Cabrera Tejedor y John P. Cooper, y cuentan con la financiación del Institute of Nautical Archaeology (INA) de la Universidad de Texas (Texas A&M) y el respaldo de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía.

El pecio constituye un hallazgo excepcional: es el único de periodo andalusí del siglo XI conocido en la Península Ibérica y, posiblemente, en todo el Mediterráneo en su contexto social y local. La investigadora Marta del Mastro Ochoa así lo subraya: "El hallazgo y conservación de la barcaza de la Plaza Nueva de Sevilla es un prodigio de la arqueología sevillana, porque es la única embarcación de periodo andalusí, concretamente del siglo XI, que se conoce en la península Ibérica". La propia Del Mastro amplía esa singularidad al ámbito internacional y señala que "me atrevería a decir que, de hecho, es la única del Mediterráneo, porque solo se han descubierto dos más en Marsella, aunque en muy mal estado, siendo la de Sevilla la única hallada en su contexto social y local, construida por carpinteros de ribera locales y en una zona de tráfico fluvial".

La consejera Patricia del Pozo valoró la investigación como un trabajo "de gran interés social y patrimonial". El conjunto de piezas, según destaca el Museo Arqueológico de Sevilla, permitirá "avanzar en el conocimiento de la navegación y el trazado fluvial de Sevilla, tanto de la Antigüedad como de la Edad Media".

Un rescate contrarreloj en las entrañas de Plaza Nueva

La historia de esta barcaza arranca en junio de 1981, cuando las obras preliminares del Metro de Sevilla destaparon a unos once metros de profundidad, en la base de un gran pozo excavado en Plaza Nueva, los restos de una embarcación de madera de aproximadamente siete metros de largo. Técnicos y conservadores del Museo Arqueológico de Sevilla acudieron al lugar para lo que la propia institución describe como una operación "casi milagrosa". El propio museo recalca que "más que una excavación fue un rescate", pues la intervención se completó en apenas unas horas sin que se llegara a paralizar la obra del metro.

En esas pocas horas, los especialistas lograron recuperar cerca de 400 fragmentos que representan aproximadamente un 30% de la embarcación original -más de la mitad del pecio permaneció oculta bajo tierra-. Además, los técnicos fueron capaces "de levantar una primera planimetría, tomar fotografías y establecer una primera numeración y registro de las piezas", según recoge el Museo Arqueológico de Sevilla. Cuatro metros por debajo de la embarcación apareció también un ancla cruciforme de una nave distinta, cuya factura fue estudiada en 1984 por el arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa, quien la situó en la tradición bizantina e hipotetizó que pudo perderse a mediados de la segunda mitad del siglo VI.

Origen andalusí y cronología del pecio

A principios de la década pasada, el arqueólogo Carlos Cabrera Tejedor limpió, estudió y catalogó cada uno de los fragmentos. Mediante pruebas de radiocarbono, estableció el origen andalusí de la nave y fijó su cronología. Cabrera Tejedor concluyó que el barco "probablemente fue construido y utilizado durante la segunda mitad del siglo X o el primer cuarto del siglo XI, último período en el que el antiguo cauce del Guadalquivir era navegable". Sus conclusiones se recogieron en 2016 en las Actas del V Congreso Internacional de Arqueología Subacuática.

La embarcación era, según la descripción del propio Cabrera Tejedor, "un barco ligero o de servicio, aproximadamente de siete metros de eslora por dos metros de manga, utilizado para transportar mercancías desde barcos más grandes, anclados en el Guadalquivir". Se trataba de una barcaza de propulsión manual, sin vela, que operaba como lanzadera entre las naves fondeadas en el río y la orilla.

Fotogrametría 3D y nuevos hallazgos constructivos

La campaña de investigación en curso ha arrojado ya resultados relevantes. El equipo ha podido determinar que la barcaza fue construida en el entorno local de Sevilla por carpinteros de ribera, un dato que refuerza la idea de una industria naval propia vinculada al tráfico fluvial del antiguo Guadalquivir. La investigadora Marta del Mastro Ochoa destaca el valor de poder retomar ahora esos materiales y señala que "es un estudio que podemos hacer ahora porque hace cerca de 50 años antes alguien se metió en un pozo, del que se desconocía casi todo, e hizo el esfuerzo de recuperar toda la información que se podía".

La fotogrametría y el modelaje tridimensional permiten documentar cada fragmento con una precisión imposible en 1981, generando un registro digital completo que facilitará tanto la conservación como la difusión científica del pecio.

Custodia del patrimonio y colección del Museo Arqueológico

Tras su extracción, los restos se conservaron durante casi cuatro décadas en el Museo Arqueológico de Sevilla, situado en el Parque de María Luisa, una institución cuya colección patrimonial supera las 700.000 unidades de registro. En 2020, el cierre del edificio principal del museo por obras obligó a trasladar las piezas al CLPC en La Rinconada, donde se custodian repartidas en 19 embalajes de conservación de 60 x 40 centímetros. Es precisamente en estas instalaciones donde el equipo investigador desarrolla ahora su trabajo con los fragmentos.

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