Los vecinos de El Cerezo, hartos de estar hartos
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La Macarena se mueve. Es innegable, lo que empezó como una protesta de un grupo de ciudadanos que están hartos de estar hartos lleva camino de convertirse en un acelerante que puede prender en el descontento vecinal no sólo de esta zona, sino de otras de Sevilla que tienen el mismo denominador común: el abandono de la administración ante la inseguridad. Todo comenzó hace una semana, con una quedada para recorrer las calles e ir denunciando a pleno pulmón a aquellos que les roban la tranquilidad cada día, conocedores de que las Administraciones, de cualquier tipo, siempre están más pendientes de otras cosas que de lo que ocurra en un emblemático barrio que acoge, nada más y nada menos, al Parlamento de Andalucía. Ni por esas, sus señorías no tienen que vérselas con aquellos que necesitan amenazar y extorsionar para proveerse de la dosis diaria que calme el mono. Así nos va, reflejo nítido de en lo que se está convirtiendo este país, una parte de oropel sustentada en la decadencia.
La mecha ha prendido en El Cerezo, donde muchos vecinos se han dado cita frente a la Joyería Palomo, uno de los negocios de toda la vida del barrio. Desde ahí han ido midiendo palmo a palmo las que hace años eran sus calles y a la postre se han ido extendiendo como una mancha de aceite por el resto de zonas aledañas: Sánchez Pizjuán, Fedra, Las Golondrinas, la Renfe, etc, todo con el único objetivo de ganarle el pulso a la marginalidad y recuperar lo que es suyo: su barrio.
Las sensaciones son tan buenas que han tenido que crear dos turnos de patrulla, uno de tarde a las 18:00 horas y otro a las 21:00 horas, "se nota una disminución de la inseguridad", explica un portavoz. Y es una evidencia, la presencia policial se ha incrementado y lo uno ha traído lo otro: más seguridad, menos delincuencia. Aunque no queda aún muy claro cómo se están atajando los problemas, porque hay un cruce de competencias y cada administración aprovecha para rascar el ansiado voto, aunque en esta ocasión ya les tienen tomada la matrícula a todos: la plataforma se ha negado a reunirse con el PSOE y la portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Sevilla fue invitada a marcharse de una de las patrullas. Pero como siempre, todo gira en torno a las competencias y a saber quién fue el culpable de la degradación del barrio de la Macarena.
La Policía Nacional afirma, con la Ley en la mano, que no pueden hacer nada con los gorrillas ni con aquellos que se dedican a consumir alcohol en la vía pública. Mientras, la Policía Local parece destinada a salvar los muebles acompañando a un equipo de Lipasam por las mañanas para ir retirando colchones y dormitorios improvisados por toda la geografía del barrio. Poco más en su haber. Da la sensación de que muchas veces sólo se acuerdan de la Macarena cuando hay que cubrir el expediente sancionador de coches mal aparcados, y a veces ni eso.
Pero este martes, por la tarde, unos y otros han apretado el acelerador y se han podido presenciar escenas de identificación y de registros que no se han visto en años. Es cierto, no obstante, que desde el inicio de las movilizaciones la Policía Nacional desplegó unidades a caballo. Todo suma en pos de revivir al moribundo.
El sentimiento de que algo está cambiando es evidente, pero también el recelo de aquellos que ya han vivido muchos golpes de pecho de los políticos sevillanos: "esperemos que esto sirva para algo". El último en salir corriendo de los problemas fue Antonio Muñoz, que ejerció el cargo para que Espadas se dedicase a ejercer de palmero en el concierto nacional, y vio como Hytasa se le echaba encima y por suerte para él un error técnico evitó tener que echar un pulso para mudar 40 plazas del Virgen de los Reyes. Salvado por la campana.
Sería injusto colgarle el muerto a Muñoz del entuerto de la Macarena; es un proyecto en el que han colaborado activamente todos y cada uno de los ediles que ha tenido Sevilla en los últimos 30 años. Bueno, Vox también se libra porque está más preocupado de las cámaras de la Cartuja que de otra cosa. No se salva ni uno, ya sea por acción o por omisión. El popular Sanz, no obstante, se ha comprometido a descongestionar la zona y aliviar la cuestión, pero menos. No en vano, pretende desahogar un barrio ya tocado trasladando el asunto a otro que prácticamente está hundido: San Jerónimo, justo al lado de la Macarena. Por supuesto, nada de Nervión, los Remedios, Triana, o cualquier zona que le sirva al actual alcalde para lucir sus mejores galas, ya sea en una Magna, en la Feria o en la Semana Santa.
La sensación de seguridad es evidente, pero la posibilidad de perderla es un hecho cierto cuando desde diversos sectores se califica a los vigilantes de próximos a la extrema derecha. (Más de 50 entidades sociales de Sevilla han suscrito un manifiesto denunciando que grupos de encapuchados estarían acosando y expulsando a personas sin hogar, lo que califican de dinámicas de aporofobia, y apuntan al recorte de plazas en albergues municipales como detonante del problema. Muchas de ellas pedirán la oportuna subvención pagada con los impuestos de los mismos que patrullan.) Nada más lejos de la realidad de un grupo que no quiere saber nada de siglas políticas y que mira con recelo lo que puede ocurrir este miércoles, cuando se reúnan responsables de las administraciones para improvisar una solución a un entuerto, el de los gorrillas, que no es nuevo. Por muchas zonas han proliferado cerramientos para los vehículos, evitando así la posibilidad de que se congreguen los aparcacoches. Si a ello se le unen las obras del metro y la falta de plazas de aparcamientos nos encontramos con que en algunas jornadas puede haber uno de estos cada 20 metros en Sánchez Pizjuán, sin ir más lejos, y que conste que aquí las mujeres también tienen su cuota y extorsionan como el que más, y cuando hay problemas llaman "al primo", que no sabes cómo es.
Frente a frente se sentarán gerifaltes del Ayuntamiento de Sevilla y la Subdelegación del Gobierno para abordar la situación de la zona. La convocatoria llega después de que el viernes pasado el Distrito Macarena y la Delegación de Seguridad solicitaran una reunión urgente al subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano.
El encuentro buscará coordinar actuaciones entre ambas administraciones ante una cuestión que se arrastra desde hace más de tres décadas sin solución efectiva. Los vecinos de El Cerezo exigirán medidas concretas que pongan fin a una situación que consideran insostenible y trasladarán tres demandas: que se "ilegalice la figura del gorrilla en toda la ciudad" (absurdo por múltiples motivos). También pedirán "un refuerzo policial permanente en la zona" que garantice la seguridad ciudadana de manera continuada. Y descongestión de los albergues.
Con todo, es muy posible que el Ayuntamiento de Sevilla se saque de la chistera la promesa de la zona azul, "que funcionó maravillosamente en el Virgen del Rocío", como proclamaba un responsable municipal que incluso recabó la firma de las asociaciones vecinales para posteriormente convertir el donde dije digo en digo Diego. O que ya se esté trabajando, con sigilo, en aliviar la presión de centros de transeúntes en la zona. Algún prodigio de la Administración debió pensar, en su momento, que era mejor cargarse un barrio que una ciudad entera. Y ahí estamos. Hasta hoy. Eso sí, desde ya prometen más presencia policial y velar por todos "los sevillanos, vivan donde vivan", lo que no es real ni creíble según la actuación de este Gobierno municipal, que siempre habla de que "en la Macarena se están haciendo cosas".
Y en la otra pata de la mesa, el subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano, que dijo "a mí no me toca" delimitando las competencias administrativas y criticando la estrategia municipal, como si al ciudadano al que amenazan o extorsionan le preocupe mucho si en ese preciso instante debe mentarle la madre a un concejal o a algún amigo de Sánchez colocado en la Administración provincial.
No obstante, Toscano también tuvo su momento de gloria y se apuntó al ya manido "a mí también me preocupan los vecinos de la Macarena". Y como nadie ha metido en liza al Parlamento, que si no ya teníamos hecha la campaña para las andaluzas prometiendo polis autonómicos, que como se sabe, sienten más la tierra y aprietan con más ímpetu a la delincuencia.
Lo triste es que hay quien al ver a tanto policía desplegado le entran ganas de aplaudir de la emoción, como si el derecho a la seguridad, la integridad y vivir en paz fuese un privilegio que sólo cotiza tras la muralla.