Comer en el Mercado de la calle Feria y los bares de toda la vida de su entorno, lejos del ruido turístico de la Alameda
Ruta gastronómica por el Mercado de la calle Feria y los bares de toda la vida de Monte-Sión, Correduría y San Luis. Lejos del ruido turístico.

Unos pasos al norte de la Alameda de Hércules se cruza una línea invisible. Se acaban las terrazas con cartas fotografiadas en cinco idiomas y empieza otra Sevilla: la de los bares con alma, esos que tienen cocina reconocible aunque sea de nuevo diseño. El epicentro de todo eso es el Mercado de la calle Feria (ojo, no confundir con espacios meramente turísticos como El Barranco), uno de los espacios gastronómicos más antiguos de la ciudad -se construyó en 1719- y su entorno inmediato, un mosaico de calles estrechas (Correduría, Relator, Regina, Monte-Sión, San Luis) donde todavía se come y se bebe como se ha comido y bebido en la capital hispalense toda la vida.
Esta es una guía para moverse por esa zona sin caer en la ruta turística. No está pensada para el visitante que llega con prisa, sino para quien quiere sentarse un rato, pedir lo que pidan los demás y escuchar conversaciones de barrio.
El Mercado de la Feria: el alma del barrio
El Mercado de la Feria se levanta desde 1719 entre el Palacio de los Marqueses de la Algaba y la Iglesia de Omnium Sanctorum. Funciona como mercado de abastos de verdad -carnicerías, pescaderías, chacinas, frutas, flores- y, al mismo tiempo, como uno de los principales puntos gastronómicos del casco antiguo, con más de diez puestos de restauración integrados en el propio edificio.
Los jueves por la mañana, la calle entera se cierra al tráfico entre Correduría y Castellar para acoger El Jueves, el mercadillo al aire libre más antiguo de Europa, con origen documentado en el siglo XIII -Fernando III de Castilla le concedió a Sevilla el derecho de celebrarlo en 1254- y mencionado incluso por Cervantes en Rinconete y Cortadillo. No es anécdota turística: un jueves cualquiera aún aporta libros antiguos, muebles, trajes de flamenca de segunda mano y, ocasionalmente, alguna pieza de valor histórico real.
Dentro del mercado: dónde comer
Los puestos de restauración del mercado conviven con los de alimentación tradicional, en un formato que mezcla mercado gourmet y tasca antigua. Las apuestas más interesantes para comer allí son:
- Bar La Cantina (puestos 111-113 y 103-105). Es el bar más antiguo de la plaza y su especialidad es el producto del mar: pescaíto frito, pulpo, ostras, zamburiñas, mariscos, pescado a la plancha y tapas caseras como el atún escabechado con pimientos asados o las tortillitas de camarón. Horario de noviembre a abril: 9:00 a 18:00.
- La Almadraba. Templo del atún rojo de Barbate. Se elabora allí mismo la mojama, la hueva de maruca y el resto de derivados del ibérico del mar, con carta de vinos gaditanos y anchoas de calidad. Abre de martes a domingo; domingos hasta las 17:00.
- Jaleo (Guadalquibeer). La firma sevillana de cerveza artesana mantiene aquí un espacio de maridaje con tapas, con hasta diez grifos. Clásicos del barrio: los chicharrones y el montadito de pringá, junto a propuestas como el tartar de retinto en pan brioche.
- Atticus Finch. Hamburguesas caseras elaboradas con carne del Valle de los Pedroches y pan artesano. Es una de las mejores referencias de hamburguesa gourmet del casco antiguo.
- Pizzarte. Pizzería artesana de masa fina a precios contenidos, una referencia real del mercado.
- Condendê. Cocina de fusión basada en arepas y propuestas internacionales sin gluten.
Fuera del apartado puramente restaurante, conviene fijarse también en la Abacería Negrete 1934, más abacería que bar, pero parada casi obligada para llevar a casa latas, conservas y vinos de la zona.
Casa Vizcaíno: la taberna que es el corazón de la calle
A pocos metros del mercado, en el número 27 de la calle Feria, asoma Casa Vizcaíno. La fecha oficial que maneja la familia propietaria es la de 1936, aunque el local existía antes como casa de tejidos desde 1929, año de la Exposición Iberoamericana, y aún conserva parte de aquella cristalería original. Pasó de los hermanos Juan y José Vizcaíno a sus descendientes, y hoy sigue dando servicio.
Aquí no hay carta al uso. Hay cerveza en vaso de caña o botellín, el tercio es de otros lares -considerada por muchos la mejor tirada de Sevilla-, vermú casero, altramuces, chicharrones, bacalao, mojama y, desde la pandemia, algunos montaditos más. La cuenta se sigue anotando a tiza en la barra. Los viernes por la noche y los jueves de mercadillo es virtualmente imposible encontrar sitio: media calle Feria pasa por la puerta. Abre a la Plaza de Monte-Sión, antigua Plaza de los Carros, que en las horas buenas se convierte en extensión natural del local.
Más allá del mercado: entre Correduría, Monte-Sión y San Luis
Si se quiere ampliar la ruta, las calles colindantes dan para una tarde entera. Algunas paradas de referencia:
- El Templo de Feria. Bar de nueva factura pero con vocación tradicional, enfocado en producto local sevillano, chacinas, tortas de Inés Rosales, fritos, guisos de menudo o carrillada y una barra muy viva. Es buena parada para comer sentado, con precios razonables y ambiente de calle Feria.
- Fatouch. Ocupa una antigua tienda de muebles de la calle Feria, con una cocina que mira a Oriente Medio. Entra en la categoría de sitio para cenar más tranquilo, si se busca salir del registro puramente tabernero.
- El Rinconcillo, calle Gerona. A pocos minutos andando. El bar más antiguo de Sevilla, en funcionamiento ininterrumpido desde 1670 (salvo por el paréntesis del Covid). Sus espinacas con garbanzos y el pavía de bacalao son clásicos intocables. La cuenta se anota con tiza sobre la madera oscura de la barra, como en el Vizcaíno.
El barrio en general: qué pasa alrededor
La zona vive un momento curioso. A las tabernas de toda la vida se ha sumado una ola de pequeños negocios de oficio -floristerías, librerías, cafeterías de especialidad, tiendas de diseño- concentrados sobre todo entre las calles Correduría, Relator y el eje Feria-Peris Mencheta. Esa mezcla le ha dado al barrio una vida nueva sin desalojar a la antigua. Es parte del interés de pasearlo: ver conviviendo al pescadero con 40 años de barra con el tostador de café de especialidad recién abierto dos portales más allá.
Cuándo ir
La clave está en el ritmo del barrio:
- Jueves por la mañana es el momento épico. Mercadillo al aire libre, mercado en plena actividad, bares llenos desde primera hora y ambiente de barrio difícilmente comparable en Sevilla.
- Viernes por la noche concentra el pulso joven del barrio en Casa Vizcaíno y su plaza.
- Sábado al mediodía es ideal para comer sentado en el mercado o en El Templo de Feria y perderse después hacia San Luis y la Macarena.
- Domingos el ritmo baja y muchos locales cierran o reducen horario.
Cómo llegar
El mercado está a cinco minutos andando de la Alameda de Hércules, a diez de las Setas y a quince del Ayuntamiento. No hace falta coche: de hecho, conviene no traerlo. Varias líneas de Tussam de paso por Resolana y la Ronda Histórica facilitan el acceso si se llega del norte de la ciudad.