
El comienzo de año trae consigo el impulso colectivo de retomar hábitos saludables tras los excesos navideños. Apuntarse al gimnasio o comprometerse con una alimentación más equilibrada encabezan las listas de propósitos de enero. Sin embargo, el catedrático de Ejercicio Físico y divulgador Felipe Isidro advierte de que muchas de estas iniciativas parten de un error común: considerar que caminar es suficiente para mantener la salud física.
En su reciente intervención en el podcast Fit Generation, en el episodio titulado 'Aprende a entrenar fuerza', Isidro subrayó que crear músculo no es una cuestión estética, sino una necesidad vital. El experto denuncia que el tejido muscular ha sido tradicionalmente olvidado en las recomendaciones médicas habituales, donde pasear al perro o dar largos paseos aparecen como la solución universal a problemas de sobrepeso o sedentarismo.
La realidad, según explica el catedrático, es que caminar aporta beneficios innegables para la salud mental y cardiovascular, pero resulta insuficiente para personas con sobrepeso u obesidad. Estas condiciones aceleran la degradación muscular, lo que convierte el trabajo de fuerza en una prioridad antes que cualquier otra actividad aeróbica de baja intensidad.
Los datos que aporta Isidro resultan especialmente reveladores. Una persona que no incorpora el trabajo de resistencia a su rutina puede perder entre un 20 y un 25% de su masa muscular en el período comprendido entre los 30 y los 50 años. Esta pérdida afecta especialmente a las fibras rápidas, las primeras en deteriorarse y las responsables de movimientos explosivos y de fuerza.
El panorama se agrava con el paso del tiempo. A partir de los 50 años, la caída de musculatura se precipita de forma dramática, según advierte el experto. Esta degradación acelerada multiplica el riesgo de caídas, fracturas, pérdida de autonomía y otras complicaciones asociadas al envejecimiento.
Isidro introduce en su análisis el concepto de "sedentarios activos", una paradoja que define a quienes entrenan regularmente pero mantienen un estilo de vida mayoritariamente inactivo el resto del día. Esta contradicción refleja el contexto obesogénico en el que vivimos, donde las facilidades del entorno moderno reducen drásticamente la necesidad de movimiento cotidiano.
El divulgador cuestiona así la eficacia de las recomendaciones médicas tradicionales. "No es suficiente decir 'salga a pasear al perro'. Eso es muy bueno para el perro, pero no para la persona que lo hace. A nivel mental ayuda mucho, pero una persona con sobrepeso u obesidad, que además pierde masa muscular más rápidamente, primero tiene que trabajar la fuerza", sostiene.
Aunque muchas personas se inician en el gimnasio buscando resultados estéticos -glúteos con forma de "melocotón" o evitar las temidas "alas de murciélago" en los brazos-, el experto insiste en redirigir el foco hacia los beneficios sanitarios. El músculo funciona como un seguro de vida, un tejido que protege articulaciones, regula el metabolismo y mantiene la funcionalidad corporal.
Esta perspectiva cobra especial relevancia en un momento en que la población envejece y las enfermedades crónicas relacionadas con el sedentarismo aumentan. Fortalecer la musculatura no solo mejora la apariencia física, sino que constituye una estrategia preventiva frente a patologías asociadas a la edad.
Para quienes deciden incorporar el trabajo muscular a su rutina, existen múltiples opciones adaptadas a diferentes niveles y preferencias. El entrenamiento total body, que trabaja todos los grupos musculares en una misma sesión, resulta ideal para principiantes que buscan familiarizarse con los ejercicios básicos.
Las clases colectivas como body pump o crossfit ofrecen la ventaja de la motivación grupal y la supervisión constante, factores que ayudan a mantener la adherencia en las primeras etapas. Para quienes prefieren una atención más personalizada, recurrir a un entrenador personal garantiza una técnica correcta y una programación ajustada a objetivos individuales.
La sala de musculación, por su parte, proporciona mayor libertad y variedad de equipamiento, aunque requiere conocimientos previos o asesoramiento inicial para evitar lesiones y maximizar resultados. Sea cual sea la opción elegida, el mensaje de Isidro resulta inequívoco: incorporar el entrenamiento de fuerza no es una moda pasajera, sino una inversión en salud a largo plazo.