Un compuesto del aceite de oliva virgen extra frena la inflamación articular

La oleaceína actúa sobre los mecanismos genéticos de la respuesta inflamatoria en células sinoviales humanas, abriendo nuevas vías para el tratamiento nutricional de la artritis reumatoide y psoriásica.

SEVILLA | Redacción LVS

Un equipo de la Universidad de Sevilla ha comprobado en laboratorio que la oleaceína, un compuesto natural presente en el aceite de oliva virgen extra, reduce de forma significativa la inflamación en células humanas del tejido articular. El hallazgo, publicado en la revista científica Food & Function bajo el título 'Epigenetic regulation by oleacein mitigates IL-1β-induced inflammation in human SW982 synovial cells', refuerza el potencial de este alimento como apoyo nutricional en enfermedades inflamatorias crónicas como la artritis reumatoide y la artritis psoriásica, patologías en las que la inflamación persistente puede acabar dañando de forma permanente las articulaciones.

El proyecto ha sido financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y fondos europeos FEDER, en el marco de dos iniciativas centradas en analizar el potencial del aceite de oliva virgen extra como estrategia terapéutica en enfermedades inflamatorias. Según datos del estudio EPISER de 2024, más de 11 millones de españoles sufren enfermedades reumáticas, lo que dimensiona la relevancia de explorar alternativas nutricionales que complementen los tratamientos convencionales.

Metodología del estudio preclínico

Las investigadoras trabajaron con células sinoviales humanas, el tejido que recubre el interior de las articulaciones y que desempeña un papel clave en los procesos inflamatorios articulares. Para analizar la respuesta celular, organizaron tres grupos experimentales: el primero se mantuvo en condiciones normales como referencia; en el segundo provocaron una inflamación artificial añadiendo una molécula del sistema inmunitario llamada IL-1β, que actúa como señal de alarma y desencadena la producción de compuestos inflamatorios; y en el tercer grupo trataron previamente las células con distintas concentraciones de oleaceína antes de activar esa señal inflamatoria.

Este diseño permitió al equipo comprobar si el compuesto era capaz de frenar la reacción inflamatoria y, en caso afirmativo, determinar a qué concentraciones resultaba efectivo. La metodología empleada se inscribe en los estándares de investigación preclínica, paso imprescindible antes de avanzar hacia ensayos con modelos animales o pruebas clínicas con pacientes.

Reducción significativa de las señales inflamatorias

Los resultados mostraron que las células en las que se había provocado la inflamación producían mayores cantidades de sustancias relacionadas con ese proceso y con el deterioro del tejido articular. Sin embargo, cuando las células se trataban con oleaceína, esa respuesta se reducía de forma significativa. Rocío Muñoz García, investigadora de la Universidad de Sevilla y autora principal del estudio, señaló que "observamos que el compuesto disminuía varias de las señales biológicas que indican que la inflamación está en marcha, lo que se traduce en que la reacción de las células tratadas fue menor".

Además de cuantificar la reducción de marcadores inflamatorios, las investigadoras analizaron qué ocurre dentro de la célula cuando se activa este proceso. El estudio sugiere que la oleaceína influye en mecanismos epigenéticos, sistemas de control que regulan qué genes se activan o permanecen inactivos en cada momento. Los genes pueden entenderse como un conjunto de instrucciones que la célula utiliza según lo necesita, y estos cambios en su activación o bloqueo se conocen como procesos epigenéticos.

Acción sobre el 'panel de control' genético

La oleaceína no solo reduce las señales visibles de inflamación, sino que también puede intervenir en el sistema que decide qué genes se 'activan' cuando la célula se inflama, como si actuara sobre el 'panel de control' interno de la respuesta inflamatoria. Este mecanismo de acción diferencia a la oleaceína de otros compuestos antiinflamatorios que actúan únicamente sobre las consecuencias de la inflamación, sin modificar los procesos reguladores que la desencadenan.

La Universidad de Sevilla ya demostró en 2016 los efectos beneficiosos del aceite de oliva virgen extra en la prevención y tratamiento de la artritis reumatoide en un modelo experimental con ratones, según datos del propio centro. El nuevo estudio profundiza en los mecanismos moleculares concretos que explican esas propiedades antiinflamatorias, centrándose en uno de sus compuestos específicos.

Próximos pasos: validación en células de pacientes reales

Las investigadoras subrayan que se trata de un estudio preclínico realizado en laboratorio, por lo que aún es necesario continuar investigando para confirmar estos efectos en modelos más cercanos a la práctica clínica. El siguiente paso será analizar el comportamiento de este compuesto en células procedentes de pacientes reales, con el objetivo de comprobar si sus efectos se mantienen en condiciones más próximas a las que se producen en el organismo humano.

En paralelo a esta línea de investigación, la Sociedad Española de Reumatología actualizó en 2024 su Documento de Consenso para el tratamiento de la artritis reumatoide con terapias biológicas y sintéticas dirigidas, siguiendo las pautas internacionales más actuales. En Sevilla, el Hospital Universitario de Valme implementó una unidad multidisciplinar para el tratamiento de la psoriasis y la artritis psoriásica, beneficiando a 250 pacientes en su primer año, según datos del Área de Gestión Sanitaria Sur de Sevilla.