El Bellas Artes de Sevilla renueva sus salas del XIX y XX con diez nuevas obras

El Museo de Bellas Artes de Sevilla ha reordenado sus espacios dedicados a los siglos XIX y XX, incorporando diez nuevas piezas a su colección permanente, entre adquisiciones recientes y obras de sus fondos que vuelven a ser expuestas.

SEVILLA | Redacción LVS
El Bellas Artes de Sevilla renueva sus salas del XIX y XX con diez nuevas obras

La principal pinacoteca de Sevilla ha completado una renovación integral de las salas dedicadas a la pintura de los siglos XIX y XX. El Museo de Bellas Artes incorpora diez obras a su recorrido permanente, combinando piezas adquiridas en los últimos años con lienzos que llevaban largo tiempo guardados en sus almacenes o que se muestran al público por primera vez. La operación responde al objetivo de enriquecer la oferta cultural de una institución de referencia en el panorama artístico español, ofreciendo a sevillanos y visitantes una experiencia museística renovada.

La reorganización ha modificado también la manera en que el espectador se encuentra con las piezas. Las pinturas se presentan ahora de forma más agrupada, con una disposición que evoca los salones decimonónicos y las colecciones nobiliarias del siglo XIX, en sintonía con el enfoque adoptado por el Museo del Prado. Además, las salas conservan la paleta cromática que lucieron durante la muestra dedicada a la familia Bécquer, lo que aporta un elemento de continuidad visual con respecto al montaje anterior.

Entre las incorporaciones más relevantes destaca el óleo Procesión en el interior de la Catedral de Sevilla (1845), de Joaquín Domínguez Bécquer, adquirido por el museo en 2024 y sometido a un proceso de restauración antes de ocupar su lugar definitivo. La pieza se exhibe por primera vez dentro de la colección permanente de la pinacoteca sevillana.

El díptico de Cabral Bejarano y los retratos de Lucía Monti

La nueva ordenación ha permitido recuperar la lectura conjunta de dos lienzos de Manuel Cabral Bejarano que fueron concebidos como díptico: Baile en un salón (1860) y Baile en una caseta de Feria (1860). El primero de ellos pasa a formar parte de la colección permanente, de modo que ambas escenas pueden contemplarse una junto a otra tal como fueron ideadas por el artista sevillano.

El museo también propone una lectura agrupada de los retratos que José Villegas Cordero dedicó a Lucía Monti. A la obra ya expuesta, Retrato de Lucía Monti en negro (1890), se suman ahora Retrato de Lucía Monti en blanco (1890) y un segundo Retrato de Lucía Monti en negro (1914), lo que permite apreciar la evolución de la técnica del pintor a lo largo de casi un cuarto de siglo.

García Ramos, Mattoni y los hermanos Bécquer regresan a las salas

La Sala XII recupera dos piezas del pintor sevillano José García Ramos que permanecían almacenadas. El Retrato de señora de negro (1911) vuelve a ocupar un lugar en este espacio tras años fuera del circuito expositivo, mientras que Citando a banderillas (1895) también regresa a la misma sala.

Asimismo, retorna a las paredes del museo El Abad, del pintor sevillano Virgilio Mattoni (1842-1923). Otra de las recuperaciones destacadas es el retrato de Gustavo Adolfo Bécquer ejecutado por su hermano Valeriano, una pieza que fue restaurada con motivo de la exposición temporal sobre la saga familiar y que ahora permanece en las salas de la colección estable.

Novedades en la Sala XIII: de Grosso a Puiggener

La Sala XIII acoge varias incorporaciones inéditas para el visitante habitual del museo. Monja en el coro, de Alfonso Grosso, se exhibe por primera vez tras haber sido depositada recientemente en la pinacoteca. A su lado, Húngaras, de José María Labrador, vuelve a mostrarse al público después de años sin estar expuesta y permanecerá en este espacio hasta que concluya su proceso de restauración.

En esta misma sala pueden contemplarse dos obras de la artista jerezana Luisa Puiggener, ambas adquiridas recientemente por el museo: Pareja de novios o La riña (entre 1900-1910) y Consulta gratis (1904). La presencia de Puiggener amplía la nómina de creadoras representadas en los fondos permanentes de la institución.

'El gran cañón' de José Arpa, la pieza más reclamada

La renovación incluye el regreso de El gran cañón (1925), de José Arpa, una obra que los propios visitantes del museo habían solicitado repetidamente que volviese a las salas. El lienzo sustituirá a otra pieza del mismo autor, Chumberas en flor (1928), en una rotación que responde directamente a la demanda del público.

La reordenación de estos espacios se ha llevado a cabo tras la clausura de la exposición temporal Los Bécquer. Un linaje de artistas, una muestra que congregó a cerca de 125.000 visitantes durante su permanencia en el museo y que sirvió como punto de partida para repensar la disposición de las colecciones de los siglos XIX y XX.