La playa que no es playa: San Nicolás del Puerto, el plan de verano que gira 180 grados

SEVILLA | Sebastián Canelo
La playa que no es playa: San Nicolás del Puerto, el plan de verano que gira 180 grados

No todos los planes de verano pasan por la playa. Hay alternativas que giran ciento ochenta grados y que en lugar de llevarnos a lidiar con la AP-4 o con la A-49 -vías que nos abren los magníficos destinos de Cádiz y Huelva, aunque la travesía hasta llegar, y sobre todo el retorno, pueda convertirse en un trabajo hercúleo- nos empujan hacia arriba, hacia Sierra Morena. Hay quien mira hacia atrás y busca aliviar el calor en sitios como San Nicolás del Puerto, con una playa fluvial que cumple con creces el propósito.

No es una playa, es obvio. Pero el agua fría del Galindón da el pego si no pretendes nadar en dos metros de agua. Lógicamente no hay nada de arena y todo pasa por suelo pavimentado o cemento bruto, que en la entrada y salida necesita del preceptivo aviso de suelo resbaladizo. Lo mejor es meterse con calzado: sirven de sobra las zapatillas de piscina o unas sandalias cangrejeras, que serán muy feas pero son absolutamente efectivas.

Cuándo ir: el aparcamiento manda

Aquí está la clave del día, y no es el agua: es dónde dejar el coche. San Nicolás tiene zona azul en el entorno de la playa y no hay demasiadas plazas, así que el fin de semana la operación aparcamiento condiciona la jornada entera. De lunes a jueves no se cobra, y esa sola diferencia cambia por completo la experiencia: se aparca sin dar vueltas y tampoco hay que desesperarse para avituallarse en uno de sus chiringuitos o reservar mesa.

La afluencia empieza a notarse sobrepasado el mediodía con holgura, cuando el calor aprieta a pleno sol en la sierra. A la sombra todo es más llevadero. Incluso grato, para qué engañarnos. Quien vaya temprano se ahorra las dos cosas: la cola de coches y la hora punta en el agua.

El trayecto desde Sevilla se puede hacer por varias rutas y cualquiera de ellas es válida; todas superan sin problemas los noventa minutos. Se llega fácil y en San Nicolás está todo perfectamente indicado.

Un puente romano y unas compuertas de 1974

La piscina existe desde 1974, cuando los vecinos consiguieron que se adosaran unas compuertas al puente romano que cruza el río. Desde entonces no ha parado de crecer: hoy son unos 350 metros de largo por 40 de ancho, con escaleras de acceso, barandillas, duchas, merenderos y accesos para personas con movilidad reducida. La entrada es gratuita y la temporada de baño se abre a mediados de junio y se cierra el 15 de septiembre.

La playa y sus zonas de descanso sirven también de reposo para quienes hacen el Camino de la Frontera, una de las rutas jacobeas que atraviesan la provincia y la que más etapas suma en ella. No es raro ver a grupos de jóvenes recargando las pilas antes de seguir con su peregrinación.

Cauce arriba, lo que casi nadie ve

Por supuesto, nada de olas: el baño es agradable y reconfortante. Y las vistas, evidentemente, no tienen nada que ver con el horizonte del mar. Aquí lo que hay son paredes de árboles que recuerdan que estamos en una zona privilegiada.

Todo está urbanizado, pero se puede ir cauce arriba y en poco más de cien metros meterse en una zona realmente espectacular, donde el agua va arropada por la frondosidad del bosque.

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