De Barcelona a Burgos: los tres puñetazos mortales que dibujan un patrón en España

[Entradilla] El caso de Sevilla repite con una precisión inquietante una secuencia que los tribunales españoles han examinado en los últimos dos años en Barcelona, Burgos y Tenerife. Cuatro hombres, cuatro discusiones, cuatro puñetazos, cuatro muertes.

SEVILLA | Redacción LVS
De Barcelona a Burgos: los tres puñetazos mortales que dibujan un patrón en España

 

La muerte del peatón de 49 años agredido el pasado miércoles en el sevillano barrio de Los Remedios tiene, fuera de Andalucía, varios espejos. En los últimos dos años y medio, la justicia española ha enjuiciado al menos tres casos con un mismo guion: discusión iniciada por una desavenencia en el tráfico o en la vía pública, puñetazo único en la cabeza o el rostro, caída del agredido, traumatismo craneoencefálico mortal. Las penas dictadas hasta el momento se mueven en una horquilla muy concreta y la calificación jurídica es prácticamente la misma en todos los casos.

Carlos Ríos, taxista en Barcelona

El más mediático ocurrió la noche del 2 de noviembre de 2023 en la Travessera de les Corts de Barcelona, a la altura del número 192. Carlos Ríos Coca, taxista de 53 años, había cambiado el turno con su sobrina, también taxista. Esa noche le tocaba descansar, pero acabó al volante.

Sobre las diez de la noche, Ríos discutió con un motorista por una maniobra de tráfico. Bajó del taxi para encararse. El conductor de la moto le propinó un golpe que lo dejó tendido sobre el asfalto. Otro taxista que circulaba detrás grabó la escena con la cámara del vehículo. Ríos ingresó en el Hospital Clínic en estado crítico y murió tres días más tarde.

Los Mossos d'Esquadra detuvieron al motorista esa misma noche por un presunto delito de lesiones. La jueza decretó libertad con cargos: comparecencia periódica en el juzgado, retirada del pasaporte y prohibición de acercarse a menos de 500 metros de la familia del fallecido. En abril de 2025, la Fiscalía y la acusación particular, ejercida por el sindicato Élite Taxi a través del despacho Vosseler Abogados, fijaron sus peticiones en cuatro años de cárcel por un delito de lesiones agravadas en concurso ideal con homicidio por imprudencia grave. La causa sigue abierta.

El gremio del taxi convocó paros y marchas lentas en Barcelona en señal de luto. El líder de Élite Taxi, Tito Álvarez, definió públicamente lo ocurrido como un homicidio.

Sergio Delgado, vallisoletano en Burgos

La madrugada del 24 de febrero de 2024, el joven vallisoletano Sergio Delgado celebraba una despedida de soltero en la zona de Las Llanas de Burgos. A las puertas de un local, según el relato que finalmente dio por probado el jurado popular, cruzó unas palabras con un hombre del lugar, José Luis Novoa. En algún momento de la conversación, el local le preguntó si era de Pucela y Delgado contestó afirmativamente. A continuación recibió un puñetazo en la cara. Cayó desplomado. Los forenses determinaron que la muerte se produjo por un traumatismo craneofacial que derivó en una conmoción medular.

Novoa fue detenido y entró en prisión preventiva el 26 de febrero de 2024. La instrucción se prolongó casi dos años. En febrero de 2026, un jurado popular le declaró culpable, pero descartó el asesinato y el dolo eventual: para los miembros del tribunal, el agresor no podía prever la muerte. Tampoco vieron probada la agravante de odio que defendía la acusación particular ni la circunstancia de abuso de superioridad por su condición de practicante de muay thai. La Audiencia Provincial de Burgos le impuso cuatro años de prisión por homicidio por imprudencia grave.

El acusado salió en libertad provisional al haber cumplido en preventiva la mitad de la pena máxima posible. La hermana de Sergio Delgado, Carla, dijo a las puertas del juzgado que el veredicto le parecía "una vergüenza". En marzo de 2026, la Fiscalía y la familia interpusieron recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León pidiendo la nulidad del juicio o la revisión de la condena.

Una sidrería en Santa Cruz

El tercer caso ocurrió la noche del 26 de julio de 2024 en una sidrería de Santa Cruz de Tenerife. Dos hombres coincidieron en el local y, tras una discusión en la que se produjeron empujones mutuos e incluso un cabezazo, uno acabó propinándole al otro un puñetazo. La víctima cayó al suelo, golpeó la cabeza y murió.

La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife condenó al agresor a cuatro años y seis meses de prisión por un delito de lesiones agravadas en concurso ideal con homicidio por imprudencia grave. La acusación particular -representada por la hija del fallecido- recurrió la sentencia pidiendo la apreciación de la agravante de abuso de superioridad. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias desestimó el recurso en 2025 y confirmó íntegramente la condena, argumentando que la víctima era "también una persona fuerte e incluso de más altura que el acusado" y que antes del puñetazo había habido empujones recíprocos. La sentencia incluyó indemnizaciones de 32.000 euros para la hija del fallecido y 140.000 euros para la viuda.

El denominador común

Las tres resoluciones -la de Burgos, la de Tenerife y la pretensión fiscal en Barcelona- comparten exactamente la misma calificación jurídica y se mueven en una horquilla penal de cuatro a cuatro años y medio de prisión. Ninguna ha apreciado dolo de matar; todas encajan el resultado mortal en el artículo 142 del Código Penal, que castiga el homicidio cometido por imprudencia grave con penas de uno a cuatro años. La doctrina del Tribunal Supremo, asentada desde principios de siglo, sostiene que el agresor no podía prever razonablemente que un puñetazo causara la muerte y que el desenlace deriva de un curso causal anómalo: la caída.

Las familias de las víctimas, sin embargo, perciben la respuesta como insuficiente. Y los penalistas que defienden a las acusaciones particulares sostienen que asestar un golpe contundente en la cabeza implica asumir consecuencias graves, en línea con el dolo eventual. El debate, recurrente, no ha modificado la jurisprudencia.

El caso del peatón muerto en Sevilla, todavía en fase de instrucción policial, transitará previsiblemente por el mismo cauce. El presunto agresor, un varón de 44 años, está siendo investigado por un presunto delito de homicidio cuya calificación -doloso o imprudente- se decidirá en función de la evolución de la causa.