
El Ayuntamiento de Sevilla inauguró el pasado jueves 18 de diciembre la rotulación de la plaza dedicada al Santo Crucifijo de San Agustín, ubicada junto a la parroquia de San Roque, en el Distrito Nervión. La actuación municipal pone en valor un episodio fundamental de la historia de la capital hispalense, cuando la ciudad fue asolada por la peste durante más de cuatro meses en el año 1649.
El delegado del Distrito Nervión, Juan Bueno, presidió el acto de inauguración y destacó que "este es un día grande para Sevilla, para su historia y para la Hermandad de San Roque". La fecha elegida para la rotulación coincide con el día de la Esperanza, cuando la Hermandad de San Roque celebra la función a la Virgen de Gracia y Esperanza, estableciendo un vínculo simbólico con el histórico 2 de julio de 1649.
Durante aquella epidemia que arrasó a más de la mitad de la población sevillana, el Ayuntamiento solicitó una rogativa al Santo Cristo de San Agustín. Según relató Juan Bueno, "aquel mismo día de la procesión, el contagio cesó de manera muy notoria, declarándose finalizada la epidemia a partir de entonces". El milagro atribuido a la imagen motivó que desde el año 1650 la Corporación Municipal instaurara una asistencia perpetua cada 2 de julio como muestra de agradecimiento por el restablecimiento de la salud pública.
El representante municipal subrayó el significado de esta iniciativa al afirmar que "hoy cerramos un círculo y saldamos una deuda con la que fue la imagen devocional más importante de la Sevilla del Siglo de Oro". La nueva plaza permite que los sevillanos conozcan y recuerden al Santo Crucifijo de San Agustín con el título de "Asilo y protector" de la ciudad, denominación que refleja el papel salvador atribuido a la imagen durante la terrible epidemia.
Juan Bueno explicó que la fecha de inauguración posee un significado especial: "Hoy, 18 de diciembre, día de la Esperanza, en el que celebráis la función a la Virgen de Gracia y Esperanza, vuelve a ser simbólicamente 2 de julio". Esta conexión temporal enlaza la festividad mariana con el aniversario histórico de la rogativa que, según la tradición, libró a Sevilla del contagio.
El delegado del Distrito Nervión agradeció a la Hermandad de San Roque "el amplio y cuidado programa de actos y cultos desarrollados con motivo del 375 aniversario", que ha permitido recuperar y difundir la memoria de aquel episodio crucial de la historia sevillana. La rotulación de la plaza constituye el colofón institucional a las conmemoraciones organizadas por la corporación religiosa.
Para el representante municipal, la nueva plaza "pone en valor un fragmento esencial de la historia de Sevilla y permite que sea conocido y recordado por los sevillanos con el nombre del 'Asilo y protector' de la ciudad". El espacio urbano se convierte así en un elemento de memoria colectiva que vincula el presente con uno de los episodios más dramáticos del pasado de la capital andaluza.
Juan Bueno reflexionó sobre la importancia del patrimonio histórico y religioso para la identidad sevillana: "Las ciudades, y especialmente Sevilla, son lo que son gracias a su patrimonio, a su historia y a sus gentes. Recordar estos hechos históricos y potenciar la devoción al Santo Crucifijo de San Agustín nos ayuda a conocer de dónde venimos y qué fuimos en nuestro pasado".
El delegado municipal concluyó su intervención ratificando el compromiso de la institución con las hermandades: "desde el Ayuntamiento de Sevilla seguiremos colaborando y estrechando lazos con la Hermandad de San Roque y con el resto de Hermandades, ya que su labor, tanto en años extraordinarios como este como en cualquier otro, es fundamental para entender la idiosincrasia de nuestra ciudad. Esta plaza es un buen ejemplo de ello, mi felicitación y la de todos los sevillanos a la Hermandad de San Roque".
La tradición municipal de acudir cada 2 de julio a las plantas del Santo Crucifijo se mantiene ininterrumpidamente desde hace 375 años, constituyendo una de las costumbres institucionales más antiguas del Consistorio hispalense. La nueva plaza garantiza la permanencia en el callejero de la ciudad del nombre de la imagen que, según la tradición, salvó a Sevilla de la devastadora epidemia del siglo XVII.