Los socios mexicanos de Sergio Ramos intentaron un 'pelotazo' urbanístico en Mestalla antes de ir a por el Sevilla FC

El Grupo DMI, controlado por la familia Leaño y especializado en el sector inmobiliario, trató de entrar en el negocio de las parcelas del viejo Mestalla -valoradas en al menos 150 millones de euros- tras ser rechazado por el club hispalense en otoño de 2025.

SEVILLA | Redacción LVS
Los socios mexicanos de Sergio Ramos intentaron un 'pelotazo' urbanístico en Mestalla antes de ir a por el Sevilla FC

El Grupo DMI, socio mexicano de Sergio Ramos en el ámbito inmobiliario, reapareció el pasado 16 de mayo en las negociaciones del futbolista con el Sevilla FC y provocó sorpresa entre la parte vendedora del club. La irrupción de este conglomerado, controlado por la familia Leaño, reabre interrogantes sobre los intereses que rodean la operación, dado que el grupo lleva meses rastreando oportunidades de negocio vinculadas a terrenos de clubes de fútbol españoles. Su historial reciente incluye un primer intento fallido con la propia entidad nervionense y un movimiento posterior en Valencia para tratar de participar en la venta de las parcelas del actual estadio de Mestalla, una de las operaciones inmobiliarias más jugosas del panorama deportivo nacional.

En la capital andaluza, la presencia de DMI cobra una dimensión añadida porque el Sevilla baraja una transformación de gran calado en su estadio de Nervión. El proyecto, aún en fase preliminar, contempla la posibilidad de levantar un nuevo coliseo con un coste estimado de unos 220 millones de euros, lo que obligaría al equipo a alquilar La Cartuja -con capacidad para 70.000 personas- mientras durasen las obras. A ello se suma que la ciudad deportiva del club abarca 25 hectáreas situadas en una zona cuyo valor se ha disparado por la crisis de vivienda que atraviesa Sevilla, lo que convierte ambos activos en piezas codiciadas para cualquier grupo inversor con vocación urbanística.

La cronología de los movimientos de DMI arranca en octubre de 2025, cuando el grupo mantuvo un contacto inicial con el Sevilla y presentó la oferta más baja de cuantas recibió el club: casi 1.950 euros por acción, lo que suponía una valoración del conjunto hispalense cercana a 202 millones de euros. La propuesta no incluía ninguna ampliación de capital e incorporaba una cláusula llamativa: el pago se reduciría al 50% en caso de que la entidad descendiese a segunda división. El Sevilla ni siquiera abrió negociación formal y rechazó cordialmente aquella oferta.

El desvío hacia Mestalla

Tras el portazo del club sevillista, DMI dirigió su atención a Valencia. El objetivo era participar en la venta de las parcelas del actual estadio de Mestalla, ubicadas en la avenida Aragón, un solar que el Valencia CF aspira a enajenar por encima de los 150 millones de euros. El grupo mexicano contactó con el entorno de Peter Lim, propietario del club valencianista, aunque finalmente no logró hacerse un hueco en la operación.

El potencial urbanístico de esos terrenos explica el interés de múltiples actores. El Valencia CF ha encomendado a la consultora inmobiliaria CBRE la búsqueda del mejor postor para unas parcelas que disponen de una edificabilidad de casi 100.000 metros cuadrados -97.225 metros cuadrados según la documentación de ADU Mediterráneo- y que fueron tasadas en 148,94 millones de euros por Gesvalt Sociedad de Tasación SA a finales de 2025. Goldman Sachs, banco que ha concentrado la deuda del club, utilizó precisamente esa valoración como garantía.

El planeamiento urbanístico aprobado para el solar del viejo Mestalla prevé, entre otras actuaciones, la construcción de uno de los edificios más altos de Valencia: una torre de 29 plantas y 107,7 metros de altura, de acuerdo con el estudio volumétrico encargado por el Valencia CF a Tes Ingenieros. La superficie edificable se distribuye en 55.769 metros cuadrados destinados a vivienda y 41.456 metros cuadrados para usos terciarios y comerciales. La última oferta conocida por el suelo data de 2019, cuando ADU Mediterráneo puso sobre la mesa 140 millones de euros, una cifra que el club descartó porque no alcanzaba sus expectativas.

Ramos llega a Sevilla con Five Eleven

En enero de 2026, Sergio Ramos aterrizó en Sevilla para presentar formalmente una oferta por el club. En aquel momento, el futbolista iba acompañado de Five Eleven, que se erigía como el principal músculo financiero de la operación. DMI no figuraba entonces entre los inversores de la propuesta, por lo que su reaparición dos semanas atrás -el 16 de mayo- resultó inesperada para la parte vendedora.

El patrón que dibuja la trayectoria del Grupo DMI apunta a un interés recurrente en los activos inmobiliarios que llevan aparejados los clubes de fútbol, más que en la gestión deportiva en sí. Su paso por las negociaciones del Sevilla en otoño de 2025, su intento posterior de acceder al lucrativo negocio de las parcelas de Mestalla en Valencia y su regreso a la mesa de negociación sevillana configuran una hoja de ruta centrada en la vertiente urbanística del deporte profesional.

El atractivo inmobiliario de Nervión

El escenario que se abre en Sevilla guarda paralelismos con el caso valenciano. La posible remodelación integral del estadio del Sevilla en el barrio de Nervión no solo implica una inversión deportiva de 220 millones de euros, sino que liberaría suelo o generaría oportunidades de recalificación en una de las zonas con mayor presión urbanística de la ciudad. Las 25 hectáreas de la ciudad deportiva constituyen un activo adicional de enorme potencial en un mercado residencial marcado por la escasez de oferta y la subida sostenida de precios.

La confluencia de estos factores -un club con necesidades de financiación, terrenos de alto valor y un grupo inversor con perfil inmobiliario- sitúa la operación de Sergio Ramos con el Sevilla en un terreno donde las fronteras entre el negocio deportivo y el urbanístico se difuminan. La reaparición de DMI en las conversaciones eleva la incertidumbre sobre el rumbo final de unas negociaciones que, más allá del regreso de un futbolista emblemático, podrían redefinir el paisaje urbano de Nervión.