Adrián Granados (UPO): el bilingüismo es ya una competencia básica para familias sevillanas
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Hablar dos idiomas ya no es un lujo reservado a familias con recursos o estancias en el extranjero: se ha convertido en una destreza que cada vez más hogares sevillanos aspiran a cultivar desde la cuna. Esa es la tesis central de Adrián Granados Navarro, profesor del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, quien asegura que "el bilingüismo ha dejado de ser una ventaja excepcional para convertirse en una competencia básica". El docente dirige el taller English at home: crianza bilingüe sin ser nativo, incluido en la 24 edición de los Cursos de Verano de la UPO que se celebran este mes de julio en Carmona.
Granados lidera también el proyecto de investigación Home Immersion, dedicado a estudiar cómo las familias incorporan una segunda lengua al día a día de sus hijos. Muchos de los hogares que participan en esa iniciativa llevan años formándose en inglés y desean allanar ese camino a sus hijos, o bien el idioma ya forma parte de su identidad familiar. El interés por la crianza bilingüe crece entre padres y madres que quieren integrar el inglés en la vida cotidiana de los menores desde edades tempranas, incluso sin ser hablantes nativos. Detrás de esa tendencia, apunta el profesor, está la importancia creciente del dominio de varias lenguas en el terreno académico y profesional, unida al deseo de muchas familias de transmitir el inglés como parte de su propio proyecto vital.
El docente de la UPO recuerda que crecer con más de una lengua es la norma, no la excepción, en buena parte del planeta: "las personas monolingües son una minoría a nivel mundial". La investigación científica actual, añade, considera el bilingüismo infantil un estímulo cognitivo equiparable al que proporcionan actividades como la música o el deporte.
La interacción humana, por encima de las pantallas
Las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a materiales en otros idiomas sin salir de casa. Granados Navarro reconoce el cambio: "antes había que desplazarse o conseguir casetes y CD; hoy el mundo está al alcance de un clic". Sin embargo, advierte de que esos recursos solo resultan útiles cuando complementan la comunicación directa con otra persona, que sigue siendo el factor decisivo en la adquisición lingüística durante la infancia.
El profesor lo ilustra con una idea que, a su juicio, muchas familias dan por válida sin cuestionarla: "muchas veces se piensa que basta con poner los dibujos en inglés, pero eso, por sí solo, no funciona". La clave, insiste, reside en la interacción cotidiana -hablar, jugar, preguntar- y no en el consumo pasivo de contenidos audiovisuales.
Miedos frecuentes en las familias
La decisión de criar en dos idiomas despierta temores habituales. Uno de los más extendidos es el miedo a transmitir errores gramaticales o de pronunciación, una preocupación que puede superarse siempre que los menores reciban estímulos variados y de calidad procedentes de distintas fuentes. Otro recelo frecuente tiene que ver con la percepción social: muchas familias temen la reacción del entorno ante un modelo educativo que todavía se percibe como poco convencional, sobre todo durante los primeros años de vida del menor.
Granados desmonta asimismo el prejuicio de que introducir una segunda lengua dificulta la expresión del afecto o debilita los vínculos emocionales entre padres e hijos. El idioma, sostiene, no limita la capacidad de transmitir cariño ni de establecer lazos sólidos.
Rutinas familiares como aula natural
Frente a la idea de que aprender otra lengua supone una carga extra, el profesor defiende que el proceso puede integrarse en actividades que ya forman parte del día a día: el baño, el juego o cualquier rutina doméstica. "No se trata de hacer más cosas, sino de hacerlas en otro idioma", resume.
El aprendizaje en el ámbito del hogar se diferencia del escolar porque se centra en el vocabulario cotidiano y las expresiones espontáneas, frente al lenguaje académico que predomina en las aulas. Es precisamente esa naturalidad la que el taller English at home: crianza bilingüe sin ser nativo trata de fomentar, ofreciendo herramientas y estrategias para que las familias incorporen el inglés de forma orgánica, desmontando mitos y poniendo en valor la interacción familiar como motor del aprendizaje.